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Yuval
Noah Harari, experto en tecnología, ataca a la IA: “Hemos creado algo que nos
puede quitar el poder”
El
filósofo lleva años advirtiendo de los peligros de la IA si no se ponen medidas
de regulación
Jesús
Quesada
Periodista
experto en tecnología
Actualizado
a 01 de octubre de 2025, 15:31
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Resulta
curioso cómo la tecnología es capaz de hacernos la vida más fácil y complicada
a la vez. Los smartphones, por ejemplo, no solo nos permiten estar comunicados
con nuestros seres queridos en todo momento, sino que son completos ordenadores
portátiles de bolsillo que mucha gente utiliza a modo de oficina móvil para
trabajar desde cualquier parte. No obstante, estos pequeños dispositivos,
paradójicamente, son una fuente de distracción, cuyo uso excesivo puede generar
adicción, problemas de concentración, salud y hasta dependencia.
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Con
la inteligencia artificial pasa algo parecido. Desde que ChatGPT está con
nosotros (fue lanzado al público a finales de 2022), el bot conversacional de
OpenAI se ha convertido en una herramienta imprescindible para una cantidad
ingente de personas. De hecho, la compañía de Sam Altman estima que cerca de
700 millones de personas lo utilizan semanalmente. Y es que ChatGPT, al igual
que otros chatbots rivales como Claude, Gemini, Copilot o Grok (el polémico
asistente de xAI, la empresa de IA de Elon Musk), puede hacer muchísimas cosas:
desde responder preguntas hasta generar textos creativos, pasando por
programar, traducir idiomas, proponer idiomas, crear imágenes, analizar datos o
proporcionar información, entre otras cosas.
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Esta
navaja suiza digital que tan importante se ha vuelto para millones de personas
por hacer la vida “más fácil” tiene, en realidad, un doble filo. La
versatilidad de la inteligencia artificial es lo que está animando a cada vez
más empresas a incorporarla en sus sistemas para aumentar la productividad,
pero en realidad es una excusa para reducir plantilla y ahorrar costes. En
otras palabras: está quitando el trabajo a la gente. Es uno de los tantos
riesgos que presenta esta tecnología, y de los que Yuval Noah Harari lleva un
tiempo alertando.
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“La
inteligencia artificial es distinta de cualquier otra tecnología que se haya
inventado antes”
Nacido
en 1976 en Kiryat Ata (Israel), Yuval Noah Harari es un historiador, filósofo y
escritor que, además, imparte clases en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Especializado en historia mundial y procesos macrohistóricos, Harari ha
obtenido fama a nivel mundial gracias a sus libros de divulgación histórica y
filosófica. Algunos de los más relevantes son Sapiens: De animales a dioses
(2011), en el que hace un repaso a la historia de la humanidad desde la
aparición del Homo sapiens hasta la actualidad, y Homo Deus: Breve historia del
mañana (2015), una reflexión sobre el futuro de la humanidad, centrada en la
tecnología, inteligencia artificial y biotecnología.
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Una
de las obras más recientes de Harari es Nexus: Una breve historia de las redes
de información desde la Edad de Piedra hasta la IA. Publicado en España en
septiembre de 2024, el filósofo analiza cómo las redes de información han hecho
y deshecho nuestro mundo, y que a pesar de todos los descubrimientos, inventos
y conquistas, nos enfrentamos a una crisis existencial porque el planeta está
al borde del colapso ecológico, abunda la desinformación y nos precipitamos
hacia la era de la inteligencia artificial.
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En
septiembre de 2024, el historiador acudió al programa cómico The Daily Show
para proporcionar Nexus, y su entrevista con Jordan Klepper dio mucho de qué
hablar. Harari, entre otras cosas, expuso su alarmante visión sobre el futuro
de la humanidad frente al avance de la inteligencia artificial. Para él, la IA
ha dejado de ser una herramienta pasiva para convertirse en un agente autónomo
capaz de tomar decisiones e inventar ideas sin supervisión humana. “La
inteligencia artificial es distinta de cualquier otra tecnología que se haya
inventado antes”, comentó en el programa.
La
imprenta podría imprimir nuestros libros, pero no crear uno nuevo. Una bomba
podría destruir ciudades enteras, pero no podría decidir qué ciudad bombardear.
La IA puede hacerlo
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Harari
explica que el peligro está en la proliferación silenciosa de la IA en
instituciones clave. Por ejemplo, en los sistemas bancarios automatizados, que
decidirían quién recibe créditos, así como en los algoritmos de reclutamiento
laboral y admisiones universitarias. Hasta en las herramientas gubernamentales
que asignan los recursos públicos. En el programa, realizó una declaración
inquietante pero cierta: “Tenemos la tecnología de información más sofisticada
de la historia y al mismo tiempo estamos perdiendo la capacidad de hablar entre
nosotros, de escucharnos”.
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La
solución para evitar que la inteligencia artificial acabe controlándonos, en
lugar de nosotros a ella, según Harari, es equilibrar el desarrollo tecnológico
con el crecimiento humano. Para ello, propone invertir en instituciones que
difundan información veraz, regular los algoritmos que prioricen el bien común
y recuperar los ritmos naturales de actividad y descanso en los sistemas
socioeconómicos.
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Actualmente,
las principales compañías encargadas de desarrollar la IA se encuentran en
Estados Unidos, estando a la cabeza Google, Microsoft, Meta y OpenAI. No hay
que olvidarse de China, que en los últimos meses ha realizado grandes avances
en el sector. Aparte del laboratorio DeepSeek, las compañías Alibaba, Tencent,
Baidu, ByteDance (matriz de TikTok) y Xiaomi también están invirtiendo
cuantiosos recursos para no quedarse atrás en esta revolución tecnológica. De
ellas depende que la inteligencia artificial sea más beneficiosa que
perjudicial para el mundo.