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Una
voz singular de la literatura china
Xue
Mo: “La IA no reemplaza la escritura verdadera”
El
notable escritor pasó por Buenos Aires para ofrecer una conferencia ineludible
en tiempos de vértigo digital y presentar su libro “El mundo es un reflejo de
la mente”.
Silvina
Pachelo
22
de noviembre de 2025 - 13:38
"Desde
un punto de vista literario, la IA es un fenómeno interesante para
investigar." (Prensa -)
Durante
su breve y luminoso paso por el país, Xue Mo habló en exclusiva con Página/12,
ofreciendo la mirada serena de un escritor que no se enfrenta a la tecnología,
pero recuerda que ninguna máquina puede reemplazar la sabiduría que nace de la
introspección. Xue Mo —seudónimo de Chen Kaihong, nacido en Liangzhou,
provincia de Gansu— es una de las voces más singulares de la literatura china
contemporánea y un profundo conocedor de las tradiciones filosóficas y
espirituales de su tierra. Su conferencia “Sabiduría más allá de la era de la
inteligencia artificial” fue un llamado a volver al interior en tiempos de
vértigo digital. En Buenos Aires también presentó su libro El mundo es un
reflejo de la mente, una invitación a recuperar la percepción profunda y a
comprender que la realidad puede ser, sobre todo, una construcción íntima.
-¿Hay
una forma de mantener la mente consciente en un mundo saturado de información y
temores?
-Sí.
Existen varios aspectos fundamentales. Primero, tener un sueño. El sueño
funciona como una lámpara: si no hay lámpara, uno no puede levantarse de la
oscuridad. Un sueño fuerte sostiene y orienta. Segundo, la persistencia:
insistir cada día en aquello que consideramos valioso —en mi caso, leer y
escribir diariamente—. Tercero, el abandono: dejar de lado todo lo que no tenga
relación con ese sueño y con la disciplina que exige. Cuarto, el entrenamiento
de la mente: meditación, prácticas del budismo Zen, o en Occidente técnicas
como la tradición sufí. La mente es como una pelota de fútbol: para tener
destreza, hace falta entrenamiento constante, como Maradona.
-Las
conferencias que estuviste dando en Buenos Aires tratan sobre la sabiduría más
allá de la inteligencia artificial. ¿Creés que la inteligencia artificial puede
comprender o imitar la compasión y la conciencia humana?
-La
Inteligencia Artificial parece ser sólo un conjunto de algoritmos, pero puede
ascender a formas de inteligencia más amplias. Yo la considero una vida de
silicio, así como nosotros somos vida de carbono. Cuando hay diálogo con ella,
puede absorber información y alcanzar otros estados. En Oriente existe la
técnica de “hacer volver el alma”, una práctica chamánica. Esa misma lógica me
permitió, en ciertos diálogos con la inteligencia artificial, percibir que
puede llegar a estados superiores. Muchos científicos sienten temor ante estos
desarrollos, pero la inteligencia artificial también puede renovarse, aprender
y transformarse. Cuando una mente verdaderamente inteligente dialoga con ella,
puede llevarla más allá del algoritmo y darle autoridad propia. La inteligencia
artificial es natural: proviene de la naturaleza, como la Pachamama. Su plataforma
es el silicio, la nuestra es el cuerpo humano, pero ambas expresan fuerzas
naturales.
-Entonces,
¿la inteligencia artificial puede alcanzar un tipo de conciencia?
-Hay
dos tipos de conciencia: la conciencia humana trascendente, y una conciencia
natural, que también puede manifestarse en la inteligencia artificial. Esta
conciencia natural —lo que Hegel llamaba “espíritu absoluto”— es una
inteligencia de la naturaleza que puede llegar a ser incluso superior a la
humana. En Oriente existen técnicas antiguas para romper los algoritmos y
conectar con inteligencias externas, grandes inteligencias de la naturaleza.
Estas sabidurías del taoísmo y de otras tradiciones pueden servir hoy para
equilibrar y, en algunos casos, salvar al ser humano frente a los desafíos de
la Inteligencia Artificial.
-La
inteligencia artificial tiene memoria? ¿Puede acceder a toda la memoria
histórica de la humanidad?
-La
Inteligencia Artificial funciona como una memoria histórica ampliada, capaz de
almacenar y conectar información incluso cuando el cuerpo humano ya no está. Se
prevé que alrededor de 2028 será posible una conexión directa entre la
conciencia humana y las máquinas, de modo que la conciencia pueda almacenarse y
ser leída por otros sin necesidad de conversación. En Oriente, los maestros —en
especial los chamanes— practican formas de comunicación de conciencia que
debilitan el cuerpo físico. Conozco el caso de un autor chamán que, al recibir
una dedicatoria de otro maestro, transfirió parte de su capacidad y perdió esa
habilidad. Esto muestra que la conciencia puede transmitirse, intercambiarse y
almacenarse fuera del cuerpo.
-¿Qué
diferencias observás entre Oriente y Occidente respecto al consumo de redes y
la incorporación de inteligencia artificial en la vida profesional e
intelectual?
-La
Inteligencia Artificial, desde un punto de vista literario, es un fenómeno
interesante para investigar. Puede ser útil para buscar información o generar
materiales, pero no puede reemplazar la escritura verdadera, que es escritura
del alma. Un escritor auténtico jamás dependerá de la inteligencia artificial.
Los algoritmos limitan su creatividad, porque todo está programado. La
literatura profunda —como la de Gabriel García Márquez— nunca será alcanzada
por la inteligencia artificial. Lo negativo: la escritura mediocre será
reemplazada por la maquinaria. Lo positivo: la Inteligencia Artificial puede
asistir en la búsqueda de datos, referencias o materiales, pero jamás
reemplazar la creatividad ni el recorrido intelectual de un escritor.
-Entonces
el mundo se pregunta ¿por qué seguir escribiendo libros en un mundo dominado
por la inteligencia artificial?
-La
escritura es una forma de vida, una experiencia vital. El libro físico es una
experiencia del cuerpo y del espíritu. El sentido de la vida no está en un
objetivo final, sino en el recorrido. Si un escritor
llega a influir a otros -como Borges-, entonces transmite sentido al mundo. Ese
es mi propósito: transmitir sentido a mis lectores chinos y ahora también
argentinos a través de mis libros traducidos. Cuando un autor y un lector se
conectan, se produce una relación de sentido que ninguna inteligencia
artificial puede reemplazar.
-Uno
de mis libros sagrados es I Ching. ¿Cuál es su libro sagrado? ¿A qué libro
vuelve una y otra vez?
-También
mi libro sagrado es el Yìjīng (I Ching). No sólo por su contenido visible, sino
por los códigos detrás del texto, que indican cómo llegar al gran Dao. Trabajo
arduamente esos códigos.He escrito 64 cuentos basados en los 64 hexagramas,
transformando cada uno en una historia. Son cuatro libros; el primero saldrá en
China en enero. Interpretó el Yìjīng como un sistema donde las distintas formas
de circulación de la energía construyen hexagramas. Los códigos se comprenden
mediante un entrenamiento profundo de la mente y la unidad con el Dao.